Dana

Dana and familyTodo empezó el día en que decidí que quería tener un bebé. Tenia 32 años, 2 masters universitarios, 8 años trabajando a nivel profesional, había vivido y viajado al extranjero, y me había comprado mi primera casa con mi esposo. Parecía que todo iba a salir bien, porque así era mi vida. Todo lo que había deseado en la vida, lo había recibido por ser trabajadora, perseverante, y por tener el apoyo de mi familia. Me acuerdo que me despertaba todos los días feliz, hacía lo mejor que podía en todo momento, alcanzaba todas mis metas, y me acostaba satisfecha conmigo misma. Entonces, el día en que decidí que quería ser madre, quedé embarazada en seguida. Planifiqué para que el bebé naciera a fines de junio y así fue; mi bebe nació a fines del año escolar.

Mi embarazo no tuvo complicaciones de ninguna naturaleza. Aparte de algunos mareos y dolores de espalda, no tuve otros problemas mayores. El único problema que notaba era que no me sentía emocionada por la llegada del bebé, pero no se lo dije a nadie. Estaba convencida de que una mamá debería estar lista para cuidar de un bebé, y que este proceso debería ser natural. No me sentía preparada, pero de todas formas, seguí con mi vida como antes como si nada iba a cambiar.

Me acuerdo que durante mi embarazo, me preocupaba por todo. Pasaba la mayor parte del tiempo leyendo libros de gestación, y cómo ciudar a un bebe. Esto se convirtió en una obsesión ya que me obsesionaba por todo y me sentía muy ansiosa. Nadie de la familia sospechó nada acerca de mi obsesión, ya que lo guardé en secreto y no se lo conté a nadie.

El día que nació mi hija debería haber sido el día mas feliz de mi vida, pero desafortunadamente no fue así; fue un día lleno de ansiedad y confusión. Todo el mundo habla de la relación que existe entre una madre y su bebé, y cómo la conexión debe ser instantánea, pero en realidad no la sentía. Todo el mundo habla de los momentos de alegría al ver a tu bebé recién nacido, pero mas que alegría sentí que era un deber, y que tenía que cuidarla por obligación. Además, todo me dolía, me fue muy difícil dar de seno, y mi hija no dormía de noche desde la primera noche en el hospital. De repente me sentí desesperada. Estaba cansada por el parto, preocupada por todo sin razón, mi hija lloraba y no dormía, y yo no podía dormir cuando tenía la oportunidad. Sabía que algo me pasaba pero no sabía describirlo bien. Por fuera, todo parecía normal, pero por dentro estaba totalmente destruida.

Al llegar a la casa, todo se empeoró ya que no quería estar sola con el bebé, no quería salir de la casa con mi hija, sentía ansiedad por todo, y no comía ni dormía bien. Sentía que los días se hacían mas largos y las noches eran horribles. Pasaba día a día sin esperanza, pero no sé lo expliqué a nadie de mi familia porque me sentía como un fracaso de madre. Tenía una idea y un ideal de cómo se debería sentir una madre, y yo no me sentía así. No estaba bien, y eso no era normal.

Finalmente, cuando mi hija tenía 8 semanas, hice la llamada más importante de mi vida. Llamé a la línea de depresión posparto de NJ para pedir ayuda, y así empecé a recuperarme poco a poco. Tuve la ayuda de terapeutas, doctores, grupos de apoyo y otras madres con depresión posparto.

Ahora, 2 años después del nacimiento de mi hija, puedo decir que estoy 100% recuperada.

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